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La mayoría de las veces pasamos desapercibidos, pero jugamos un papel muy importante en la vida de nuestra parroquia. Somos LOS MONAGUILLOS. Unos quince chicos y chicas que dedicamos unas pocas horas de nuestra juventud, para comprometernos con un gran amigo: JESÚS.
La parroquia no es algo aburrido. Nos lo podemos pasar genial. Por eso, si quieres apuntarte mándanos un e-mail y únete a nosotros. Sigue visitando esta web. En cuanto comience el curso pastoral publicaremos los nombres de todos los monaguillos de nuestra parroquia. Te recordamos que existe "LA WEB DEL MONAGUILLO". ¡No dejes de visitarla!
NUEVOS MONAGUILLOS FRANCISCO GARCÍA HERNÁNDEZ JORGE LUIS GARCÍA JARAMILLO GABRIEL CANTERO MARTÍNEZ MIKE MILLER OLARTE ARDILA KAMIL BIS
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Los monaguillos llegan con tiempo suficiente a la sacristia para revestirse con sus túnicas y preparar lo necesario para la Misa. Cuando llega el sacerdote le asisten en todo lo que indica y, finalmente, le ayudan también a revestirse. Hay que tener en cuenta que el cingulo se sirve desde la espalda y poniendo las puntas en la mano derecha. Con un momento de silencio, mirando al crucifijo de la sacristía, todos se preparan para empezar. Se organiza la procesion: primero el turiferario (que ha presentado al sacerdote el incensario antes de salir de la sacristía para que ponga incienso); luego el monaguillo con la cruz y los demas con los ciriales a ambos lados. Otro monaguillo sigue con el Libro de los Evangelios, y los demás ministros. Finalmente el sacerdote, solo, concluye la procesión. Los monaguillos caminarán a un paso ni demasiado lento ni demasiado rápido, y procurarán hacerlo con elegancia, mirando hacia delante (no a las personas que hay en la iglesia) y con las manos juntas sobre el pecho (si no tienen que llevar nada).En el caso de que una mano esté ocupada, la otra se pondrá plana sobre el pecho. Los que llevan algo en las manos, al llegar al presbiterio no hacen inclinación ni genuflexión, y se dirigen directamente a su lugar: el turiferario al lado del altar esperando al sacerdote, los ceroferarios llevaran los ciriales a la credencia, y el que lleva la cruz, la dejara al lado del altar en el lugar establecido o la entrará en la sacristía. De dos en dos se dirigen al altar. Al llegar al pie del presbiterio (si los ministros no son muchos), se dividen a derecha e izquierda de modo que el sacerdote quede en medio; luego se hace a inclinación (genuflexión si está el Santísimo). Si hay muchos monaguillos, a medida que llegan de dos en dos al presbiterio hacen inclinación o genuflexión, según corresponda, y se dirigen directamente a su lugar. Seguidamente el sacerdote sube, y besa el altar. Los asientos de los monaguillos deben significar su función y deben ser notablemente distintos de la sede del presidente. Deben estar cerca para poder asistirle con facilidad. En cada iglesia habrá que ver cual es la mejor distribución. El turiferario presenta el incensario al sacerdote. Si es necesario se añade incienso, y luego se inciensa el altar, la cruz, y la imagen de la Virgen o el santo titular. Al terminar, el turiferario retira el incienso y el incensario y se va a su lugar. Todos los monaguillos, con el sacerdote y toda la asamblea, hacen la señal de la cruz y responden a las oraciones a una sola voz con todo el pueblo. El encargado del misal se acercará al sacerdote siempre que sea necesario presentándole el libro abierto en el lugar adecuado, y se retirar cuando la oración haya terminado. No hay que dejar nunca al sacerdote con la palabra en la boca. Si
hay aspersión en lugar del acto penitencial, un monaguillo
llevará el agua antes de empezar la oración de bendición
y la mantendrá ante el sacerdote durante la misma. Al terminar
la oración, se pondrá a la izquierda del sacerdote (si
no se le indica lo contrario), de dará el hisopo y lo acompañará
mientras dure el rito de la aspersión. Finalmente volverá
a la credencia el recipiente con el agua.
Durante
las lecturas los monaguillos o acólitos escuchan atentamente
la Palabra de Dios. Sentados con las manos sobre las rodillas. Si
alguno de ellos debe proclamar alguna lectura lo hará en su
momento, haciendo inclinación al altar o al presidente, según
esté colocado, y se dirige al ambón. Al terminar la
lectura, volverá por el mismo camino a su lugar.
Según lo que habrán establecido en la sacristía antes de empezar, se procederá ahora a la presentación de las ofrendas. Si hay procesión, los monaguillos designados se pondrán a los lados del sacerdote para recoger de sus manos las ofrendas, para depositarlas luego en el altar. Mientras, otro monaguillo puede extender el corporal y colocar el misal, con el micrófono adecuadamente situado. Si
no hay procesión de ofrendas, los monaguillos llevaran directamente
desde la credencia el pan, el vino y el agua al altar. El sacerdote
lo recibe y lo distribuye sobre el corporal. Finalmente pone el vino
y el Si hay incienso, el turiferario acercará el incensario al sacerdote por el lado derecho del altar, acompañado por el que lleva la naveta a su izquierda. Después de poner el incienso, el turiferario no cerrara el incensario hasta que el sacerdote haya bendecido el incienso haciendo la señal de la cruz. Entonces se lo dará de tal modo que el sacerdote pueda tomarlo con la mano adecuada (eso hay que haberlo ensayado antes); si no hay diácono, acompaña al sacerdote en la incensación alrededor del altar, también ante la cruz. Luego, el monaguillo toma el incensario de manos del sacerdote y lo inciensa a él, y seguidamente a la asamblea. Luego retira el incensario a su lugar. Mientras
se realiza este rito, los monaguillos encargados de servir el lavabo
ya se preparan, y cuando se ha terminado de ofrecer el incienso (o,
si no lo hay, después de poner el vino y el agua en el cáliz)
se acercan al sacerdote: un monaguillo le derrama el agua sobre las
manos, aguantando con la derecha la jarra y con la izquierda el recipiente
para recogerla, mientras el otro (a la izquierda del primero) ofrecerá
la Todos
los monaguillos se pondrán de pie al terminar de decir, junto
con todo el pueblo, El Señor reciba de tus manos este....
Después
de rezar el Padrenuestro, a la invitación del sacerdote o del
diacono: Daos fraternalmente la paz, los monaguillos se intercambian
un gesto de paz, según se habrá establecido previamente,
de modo que los que lo reciban del sacerdote sepan como hacerlo y
cuándo, y los demás también actúen de
acuerdo y lo hagan igual, de modo que todo resulte acorde con la celebración.
Hay que evitar en este momento el ruido, las risas y las palabras
innecesarias. Como principio, cada uno dará la paz sólo
al que tenga a su lado. Puede acompañar al gesto (un abrazo,
darse la mano, etc.) la expresión: La paz sea contigo.
Los
monaguillos reciben la bendición inclinándose ligeramente,
mientras hacen la señal de la cruz. Cuando el sacerdote, después
de besar el altar, se inclina para venerarlo, todos hacen también
inclinación, y por el camino convenido se vuelven, de dos en
dos, a la sacristía. No se toman los ciriales ni la cruz ni
el incensario, sino que se vuelve normalmente por el camino más
corto sin mayor solemnidad. En la sacristía esperan al sacerdote,
de cara al crucifijo, lo saludan con una pequeña inclinación
y si este dice: que aprovechen, le responden: para la vida eterna
(en latín: prosit, y la respuesta: in vitam aeternam). |
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